La escasez es excelente maestra. Enseña eficiencia, productividad, asertividad y previsión.

La escasez de tiempo para lograr ciertos objetivos debe ser considerada especialmente en este 2018. Por lo que a mí respecta, es evidente las escasas semanas que me quedan en el cargo de Comisionada del IFT que he tenido el honor de ocupar, pero también al Instituto le queda poco tiempo para consolidar algunos de sus objetivos iniciales, en los que ha venido trabajando durante más de cuatro años: destacan entre otros fundamentales, el de redoblar esfuerzos en pro de la competencia; medir la pluralidad de voces en los medios de radiodifusión y televisión restringida asi como la diversidad en contenidos; continuar la construcción continua de una organización colaborativa, cohesionada, visionaria, prospectiva, moderna, digitalizada, adaptable y más sensible a las necesidades del público en materia de cobertura, acceso a la información, a los servicios públicos, a la conectividad, a la protección de sus datos personales en poder de los concesionarios. Continuar trabajando por una organización independiente de intereses privados y políticos, especialmente en año electoral, y que pueda incentivar, hasta donde sus competencias se lo permiten, mayores inversiones en todo el país. Decirlo es más fácil que hacerlo.

Veo que este año 2018 es clave para la consecución de ciertos resultados contundentes del IFT como autoridad de competencia económica. Con determinación, visión y apertura, el Pleno debiese entablar un diálogo franco, informado y prospectivo, en torno a preguntas clave: ¿Qué es lo prioritario que permitirá detonar mayor bienestar social mediante competencia, regulación inversión e inclusión a un año, a tres, a cinco? ¿Cómo y con qué instrumentos legales (regulatorios y de competencia económica) lograrlo? ¿Cómo infensificar el trabajo colaborativo y de coordinación con otras autoridades y actores en los tres órdenes de gobierno?

Hay preguntas fundamentales que debemos hacernos una y otra vez, sin las cuales no se puede actuar estratégica y eficazmente. El IFT debe redoblar el paso para asegurar la transformación que inició hace más de cuatro años. No es suficiente administrar procedimientos legales, resolver trámites, hacer programas anuales de trabajo, sustanciar trámites, éstos son tareas importantes e insoslayables, pero no nuestra única misión. La cuarta revolución industrial lo requiere, la urgencia de abatir la desigualdad y baja productividad en México, lo exige.

Debemos anticipar, encauzar, revisar, diagnosticar y estar atentos a síntomas de la nueva era. Debemos monitorear el sistema de incentivos que cada actividad y nuevo modelo de negocios trae inherentemente, y cómo impactan en las normas y resoluciones que dicta el IFT. Además, es importante promover los incentivos correctos para que los agentes económicos actúen alineados al interés público en su legítima lucha por la maximización de su rentabilidad, dentro del marco legal y sin obtener rentas. ¿Qué temas, qué asuntos, qué síntomas, qué lecciones debemos aprender, qué éxitos y logros propios debemos repetir y qué prácticas administrativas y cultura institucional habría que fortalecer, consolidar o corregir?

¿Qué temas se han quedado rezagados a pesar de ser prioritarios y por qué? y ¿qué temas quizá habríamos de reconsiderar a la luz de circunstancias imprevistas que podrían hacer fracasar una acción que un año atrás parecería urgente y necesaria emprender? ¿Qué acciones en materia de contenidos audiovisuales y audiencias debemos retomar sin contravenir, claro está, el nuevo marco legal enrarecido que la llamada contrarreforma produjo? ¿Qué puede hacer el IFT ante la amenaza grave al sector de telecomunicaciones móviles que la actual Ley Federal de Derechos representa por el altísimo monto de los derechos anuales por el uso comercial -y no comercial- de ciertas bandas del espectro radioeléctrico? ¿Qué esquemas de asignación o uso compartido de espectro son los idóneos para 5G? ¿ y para enlaces satelitales?

Este problema afecta tanto a los operadores móviles comerciales como a los escasos concesionarios sin fines de lucro -presentes y potenciales- de servicios inalámbricos de uso social indígena que tienen que pagar derechos por el uso del espectro, cuando en realidad habría que darles estímulos fiscales y un reconocimiento nacional por instalar infraestructura y auto suministrarse servicios móviles en sus comunidades indígenas, cuando ni el Estado ni el mercado pudieron hacerlo para conectarlas bajo condiciones asequibles en diversas zonas del país.

¿Qué acciones podrían potenciar el bienestar social (bienestar de productores,consumidores y audiencias) y la inversión e innovación en 2018 y a mediano plazo? ¿Cómo catalizar la migración a escenarios de competencia efectiva, o sea sin presencia de agentes preponderantes o con poder sustancial de mercado que ejercen su poder de mercado? ¿Qué clase de innovación necesita el IFT para ser efectivo? ¿Qué le falta, que le estorba, qué batallas hay que pelear en lugar de cuales otras ante recursos limitados y tiempos cortos?

Desde la creación del IFT me he inclinado por que el Pleno tenga esta conversación y revise su visión, sus preguntas, sus prioridades y las rutas posibles a tomar. El Pleno, como todo órgano colegiado de gobierno debe dictar la estrategia, las coordenadas, metas y rutas a seguir para que con ellas las Unidades comandadas por el Comisionado Presidente, propongan al Pleno los proyectos que integran el Plan Anual de Trabajo resultado de dichas grandes líneas estratégicas del órgano de gobierno. Ello no ha ocurrido pero aún estamos a tiempo de hacerlo.

Es de todos conocido que como parte de la innovación que trajo la reforma estructural en materia de competencia económica y telecomunicaciones, el IFT es tanto regulador sectorial como autoridad de competencia de los sectores telecomunicaciones y radiodifusión. Utilizar y aplicar oportunamente ambas leyes a nuestro cargo para lograr los objetivos constitucionales, es indispensable.

En qué medida debe usarse cada uno de los mecanismos regulatorios ex-ante y los de competencia económica ex-post, requiere de un análisis y diagnóstico continuos. El canal regulatorio, lo hemos utilizado intensivamente, ha dado frutos para reducir diversas barreras, pero tiene sus límites y su efectividad depende en buena medida de la eficacia con que se supervise y exija su cumplimiento y la probabilidad de que las sanciones que se dicten, queden firmes y disuadan incumplimientos subsecuentes. El canal de competencia económica que hemos subutilizado, o que por lo menos no ha dado los resultados que anticipábamos, requiere ser revisado y reforzado. Sea por procedimientos y resoluciones deficientes heredados de Cofeco; por las dificultades de probar prácticas anticompetitivas; o bien por que las investigaciones nuevas han sido insuficientes o han sido cerradas o infructuosas en el procedimiento en forma de juicio o en el Pleno, y quizá también porque a pesar de las constantes quejas en contra de los preponderantes, pocas culminan en denuncias fundadas al amparo de la Ley Federal de Competencia Económica; el caso es que es preciso reconocer que las herramientas ex-post del Instituto aún están verdes dada su corta edad; se han usado poco, deben ser fortalecidas y las unidades competentes deben actuar con mayor determinación. Este año es no sólo el indicado, sino el crucial para poder corregir, sin que sea demasiado tarde, y fortalecer nuestras áreas, procedimientos, prácticas, abogacía, metodologías, investigaciones y visión en materia de competencia económica.

Con preocupación veo otra escasez: la de jóvenes economistas, actuarios, matemáticos o utros profesionistas que se especialicen en organización industrial y competencia económica, en estadística y análisis de metadatos e investigaciones forenses, que quieran seguir una carrera profesional en el campo de competencia económica en el ecosistema digital y de metadatos, a pesar de la demanda que hay de estos especialistas en México. Ojalá las universidades mexicanas promuevan esto para que cambie en el corto plazo, pues son especialidades muy prometedoras y necesarias para las economías de mercado y que traerán fascinantes retos profesionales en el contexto de los productos y servicios distribuidos en plataformas digitales y la innovación tecnológica y de negocios que va en aumento y que en México podemos y debemos generar también.